Habitando la utopía

Por: Ona LaComareig / Substack: https://substack.com/@comarejant

Siempre creí en la magia. Creo que hoy esa creencia ha aterrizado en forma de utopía.

Sí, creo en la utopía. Creo en esa utopía que mezcla el no lugar con el buen lugar. Para mí, hoy en día, este concepto es el poder de imaginar una revolución. Este concepto se materializa en curiosear entre diferentes libros, teorías, pasados históricos y proyectos. Aparece cierta esperanza de agencia. Me desapego de la resignación en la que me acomodé porque dejó de parecerme confortable. Dejó de ser indiferente todo el malestar que rodeaba mi vida y la de aquellas personas que me rodean y las que no.

Ya no me resulta relevante la cercanía geográfica para preocuparme por ti. No me importa si no te conozco. Ahora sé que lo que a ti te pasa me atraviesa, porque compartimos mundo. Si quien te maltrata, viola, mata o extingue sigue vivo, yo puedo ser la siguiente.

Me gusta pensar en la utopía como en una posición política, mi lugar de disidencia. Me encuentro en el proceso de ir construyendo todo lo que puede alimentar este partido político en el que he decidido instalarme. No está siendo muy fácil, pero sí muy entretenido.

Me resulta curioso lo difícil que es defender la esperanza y cómo ocurre lo contrario con el catastrofismo. Tal como dice Berta del Río Alcalá en su libro El arte de imaginar, el lado soleado de la vida es el más costoso y creo que eso es porque, tal como dice Mark Fisher, nos resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Últimamente, le doy vueltas al hecho de que el capitalismo no es más que el sistema “que ganó”, pero no el que más funciona. El capitalismo, igual que otros sistemas, tiene sus posibles (y discutibles) ventajas y defectos, y me da la sensación de que solo se da lugar a sus ventajas cuando estas solo benefician a una mínima parte de la sociedad. Las personas privilegiadas existen gracias a la desigualdad que este sistema capitalista perpetúa y, pese a que muchas personas lo nieguen, la mayoría formamos parte de la clase que sustenta el privilegio de esas pocas personas.

Otra cosa que se pasea por mi mente es la burla que hay alrededor de quienes creemos en un mundo mejor. Si la utopía y la consecuente esperanza se asemejan a la inocencia e, incluso, a la ignorancia, ya no queda nada más que decir. Y este es un punto muy importante: el poder del discurso y la injusticia epistémica (leer Miranda Fricker). Esto me recuerda al Newspeak del libro de 1984 (Orwell, 1949), donde se reflexiona sobre el significado que se le da a las palabras dependiendo del interés que hay detrás. En este caso, si esperanza es estupidez, poco a poco olvido el sentido de imaginarla, de conceptualizarla o hablar de ella porque ya no tiene un significado útil o debatible. La vaciaron de poder, de contenido. Le quitaron la esperanza a la esperanza. Por este motivo hay que reivindicar el poder de la palabra y usarla a nuestro favor para que no nos quiten la posibilidad de pensar de manera crítica y constructiva.

De la autora:

Ona Albert Porta se mueve desde hace varios años en el mundo de la escritura, la investigación y la creación de contenido. Todo empezó con su necesidad de tener más referentes mujeres y eso le llevó a escribir tres libretas de autocuidados donde se mezclaba el formato libreta estilo diario personal con teoría sobre psicología y de otros ámbitos útiles. 

Tiene además experiencia trabajando con diferentes colectivos vulnerados y en situaciones de riesgo, recién acabó el grado de Psicología y cursa el Máster de Derechos humanos y Globalización.

Nota editorial

Las colaboraciones publicadas en esta sección forman parte de una convocatoria abierta impulsada por Archivo para promover la escritura, la creación y el pensamiento crítico. Este espacio busca amplificar las voces de mujeres y otras disidencias, abrir conversaciones y aportar nuevas miradas sobre el presente.

Las ideas, opiniones y expresiones contenidas en cada publicación son responsabilidad del autor/autora/autore. La obra pertenece a quien la creó y se publica en Archivo con su autorización.