Por: Marcela Jaime
“La superioridad de desarrollo tecnológico conlleva una superioridad intelectual que opera en las más variadas situaciones. Superioridad cultural, en el sentido pleno del concepto de la cultura: disponibilidad de más recursos materiales e intelectuales, que significa dominio de la realidad. Todo ello como resultado de un proceso histórico peculiar. Tal era la superioridad de los conquistadores sobre los indios al momento de la conquista” (SeveroMartínez Peláez, La Patria del Criollo, 1970)
En la cita anterior, Severo Martínez, en su ensayo donde interpreta la realidad colonial guatemalteca, recalca cómo la tecnología conlleva consigo la superioridad intelectual, un recurso que utilizaban los conquistadores sobre los pueblos originarios para tener dominio sobre ellos.
En el siglo XXI, llega la aclamada inteligencia artificial (IA), una herramienta que notamos cada vez con mayor frecuencia. Entramos a redes sociales y vemos videos generados por ellas, entramos a clases y vemos trabajos creados por ella. Es innegable su existencia en nuestro día a día, al punto de que empieza a ser un miembro más de la sociedad. Y, aunque pertenece ya a nuestro entorno, hay todo un debate alrededor de ella. En sectores como la educación, el arte y la academia, se discute sobre su uso y cuándo es bueno o cuándo no.
Más allá de esa discusión, la IA es el nuevo colonialismo. Es un conquistador creado por aquellos con poder adquisitivo, que viene a conquistar las partes que nos hacen más humanos.
Las redes sociales han creado sociedades más hegemónicas, con información más a nuestro alcance gracias a la globalización, esparciendo tendencias y costumbres alrededor del mundo. Y de la misma forma que las redes sociales han causado esto, la IA aumenta su influencia en cómo las personas expresan sus ideas y limita el pensamiento crítico y profundo. También limita alcanzar su máximo potencial como seres racionales. Recientemente escuché que alguien dijo en clase, «yo no sé qué haría en esta clase sin chat (ChatGPT)» y otra persona respondió «seríamos como un mortal, aprenderíamos». Nuestra sociedad se polariza, porque así como existen aquellos que no pueden pensar sin IA, existen aquellos que no la utilizan, creando progresivamente una división intelectual.
Esta división intelectual ya la había planteado Pierre Bourdieu. El sociólogo e intelectual francés presenta la idea de que la sociedad está dividida no solo por dinero o estratos sociales, sino por el tipo de capital que acumulan y usan: capital social, el capital económico, capital cultural y el capital simbólico.
La IA entraría dentro del capital cultural, dividiendo a aquellos que tienen acceso a información y pueden sostenerse con simplemente el hecho de producir pensamientos y se hace más fuerte ahora con el uso de la IA. Estará dividido como en la revolución industrial, el proletariado y el burgués, pero será el consumidor nublado y el productor de contenido.
Durante la conquista, los españoles tenían un motivo para obtener América Latina. El potencial que observaron era innegable y debían explotarles para que así, el reino español sobresaliera del resto. Lo lograron a través de los avances tecnológicos, como Martínez explica al inicio de La Patria del Criollo. Es más, los españoles renovaban su tecnología para mejorar sus técnicas y así manipular a todo un pueblo. Karl Marx y Friederich Engels describen que el capitalismo no puede existir sin estar constantemente evolucionando los instrumentos de producción, y junto a esto todas las relaciones de la sociedad. Es un patrón constante en un sistema que busca renovar el poder sobre las masas con tal de no perderlo.
La IA creará una división clara dentro de nuestra dinámica en la sociedad, la gente mejor acomodada tendrá la elección de poder decidir si pensar o no y sobrevivir con el poder adquisitivo y social que tienen, mientras que los más pobres no tendrán otra opción que eventualmente ser reemplazados por algo que es más productivo y barato. Aquellos pensamientos que nos hacen humanos serán la chispa que tal vez salve la humanidad.
En ese contexto, ¿quién eres tú? ¿el que primero va a la IA a resolver sus dudas? ¿o quien prefiere ser crítico con su alrededor?
De la autora:
Marcela Jaime nació en 2007 en la Ciudad de Guatemala. Es una joven a la que le gusta cuestionar, aprender e investigar sobre dinámicas nuevas dentro de las sociedades y culturas. Está interesada en crear un cambio en su país por medio de una alimentación accesible, culturalmente relevante y respetuosa con el medioambiente. Marcela observa el mundo desde el lente de la nutrición, ya que considera que uno de los grandes pasos para el desarrollo social radica en la identidad y la accesibilidad alimentaria. Disfruta dialogar con las personas, escribir textos, escuchar música, ver videoensayos en YouTube y sumergirse en la naturaleza para caminar largas distancias con sus perros. Espera, algún día, transformar vidas y dejar un aporte significativo para la sociedad.
Nota editorial
Las colaboraciones publicadas en esta sección forman parte de una convocatoria abierta impulsada por Archivo para promover la escritura, la creación y el pensamiento crítico. Este espacio busca amplificar las voces de mujeres y otras disidencias, abrir conversaciones y aportar nuevas miradas sobre el presente.
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