Tu vaso de agua podría tener bacterias de popó

En Guatemala, abrir un chorro y ver salir agua limpia es un privilegio. 

El informe “Sin agua no somos nada”, publicado en julio de 2025 por Human Rights Watch, ya revelaba que la crisis hídrica del país no se explica solo por la escasez, sino por una gestión deficiente, la contaminación masiva y un sistema que deja a millones sin acceso a un derecho básico. Lo más alarmante es que el agua que llega a tu vaso podría estar contaminada, no con heces visibles pero sí con bacterias asociadas.

Por si quedaban dudas, la Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (Endesa) 2025, confirmó que el 52% de la población guatemalteca consume agua de fuentes contaminadas con E. coli, un indicador de contaminación fecal.

Por: Liliana Villatoro /Redacción Archivo

Entre septiembre de 2024 y mayo de 2025, el equipo de investigación de Human Rights Watch recorrió comunidades de Casillas (Santa Rosa), Jalapa y Santa María Chiquimula (Totonicapán). Allí entrevistaron a 108 personas, en su mayoría mujeres indígenas, personal de salud, expertos y funcionarios. El análisis se complementó con datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2023 y reportes del Ministerio de Ambiente. El resultado: una radiografía del agua en Guatemala que cruza testimonios cotidianos con cifras demoledoras.

Un contraste brutal

Guatemala tiene más agua dulce per cápita que el promedio mundial, pero 4 de cada 10 personas no tienen agua corriente en sus casas. El informe habla de aldeas de Jalapa donde las mujeres caminan con cántaros sobre la cabeza durante horas para llenar unos cuantos galones. Hemos visto esa escena repetida en todo el país: infancias y adultxs cargando recipientes con agua para acercarla a casa.

Los datos de la ENDESA 2025 muestran que esa desigualdad también tiene una dimensión territorial muy marcada. Mientras en el departamento de Guatemala el 83 % de la población reportó tener agua suficiente disponible cuando la necesitó durante el último mes, en Jalapa la cifra cae al 56 %. La diferencia también aparece entre áreas urbanas y rurales: en las ciudades, el 75 % de la población reportó disponer de suficiente agua, frente al 64 % en áreas rurales.

A la falta de agua se suma la carencia de servicios básicos. 

Según el equipo de Human Rights Watch, solo 42 % de los hogares cuenta con un inodoro conectado a una red de drenaje. El resto depende de letrinas rudimentarias o, directamente, de defecar al aire libre. Son más de tres millones de personas en esa condición. El informe advierte que esto no solo atenta contra la dignidad humana, sino que además multiplica la contaminación de ríos, pozos y manantiales.

Laguna Ordóñez, Todos Santos Cuchumatán / Foto: Liliana Villatoro

Contaminación masiva

Imaginar ríos de aguas negras desembocando sin control en los ríos y espuma gris arrastrada por corrientes que cruzan comunidades, no es descabellado. El informe de Human Rights Watch documenta que el 95% de las aguas residuales del país se descarga sin tratamiento y que 9 de cada 10 cuerpos de agua superficiales están contaminados por descargas domésticas, agrícolas e industriales.

Es decir, además de que no hay condiciones de saneamiento en los hogares, las industrias también forman parte del problema. Plantaciones de caña, palma y banano extraen millones de litros para sus procesos y devuelven desechos químicos sin control. Todo esto ocurre sin que paguen por la extracción ni asuman los costos ambientales.

La ENDESA, por su parte, también evidencia que contar con una fuente “mejorada” no garantiza agua segura. Aunque el 94 % de la población utiliza fuentes mejoradas para beber, como agua entubada, pozos protegidos o agua embotellada, únicamente el 33 % utiliza fuentes mejoradas y libres de contaminación. Además, solo el 29 % accede a servicios de agua gestionados de manera segura, es decir, fuentes accesibles, disponibles cuando se necesitan y sin presencia de E. coli. 

Contaminación, enfermedades y derechos básicos que no se cumplen

En las casas, el resultado son enfermedades. El agua insalubre provoca diarreas, infecciones gastrointestinales y problemas de piel. En las infancias, la consecuencia es devastadora: la desnutrición crónica se agrava. El informe de Human Rights Watch recuerda que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi la mitad de los casos de desnutrición infantil en el mundo están vinculados a episodios de diarrea repetida e infecciones intestinales causadas por agua insalubre y falta de saneamiento.

La falta de agua limita otros derechos básicos. La salud se resquebraja en comunidades donde beber agua es un riesgo de enfermedad. La alimentación también está en juego: sin agua segura, los cultivos y la crianza de animales se vuelven tareas inciertas. El informe sintetiza que la crisis hídrica en Guatemala es, en el fondo, una crisis de derechos humanos.

Además, subraya una paradoja: Guatemala tiene abundancia relativa de agua, pero carece de una ley de aguas que regule su uso y sancione a quienes la contaminan. El resultado es un mosaico de instituciones fragmentadas, sin capacidad de control ni de rendición de cuentas. 

Entre 2019 y 2024, el Ministerio Público abrió apenas 93 investigaciones de oficio relacionadas con el agua, una cifra mínima frente a la magnitud del problema, lo que evidencia la ausencia de un marco legal y de mecanismos eficaces para enfrentar la crisis.

Por otro lado, la contaminación también muestra profundas desigualdades económicas. La ENDESA encontró presencia de E. coli en fuentes de agua utilizadas por el 84 % de la población ubicada en el quintil más pobre, frente al 23 % registrado en el quintil más rico. En las muestras tomadas directamente en vasos dentro de los hogares, la diferencia fue de 83 % frente a 26 %. 

El hallazgo más importante del informe y de la encuesta es: bacterias de heces en el agua. Foto: Pixabay

El hallazgo más alarmante: heces en el agua

El golpe más duro del informe está en una palabra: heces. Bacterias de heces, o popó, si se prefiere lenguaje coloquial

El documento es explícito: los excrementos humanos contaminan fuentes de agua por tres vías principales: la escorrentía de la lluvia que arrastra desechos mal eliminados hacia ríos y lagos; las filtraciones subterráneas que llevan contaminantes hasta manantiales y pozos; y el arrastre directo de heces hacia fuentes superficiales.

Las consecuencias son graves. El consumo de agua contaminada con heces provoca enfermedades gastrointestinales, diarreas recurrentes, vómitos y fiebre.

El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales usa precisamente el indicador de coliformes fecales en sus monitoreos de calidad del agua, por la gravedad de sus efectos en la salud. Detectar estas bacterias significa que hay contaminación fecal, lo que eleva el riesgo de brotes de diarrea, infecciones gastrointestinales, cólera o fiebre tifoidea .

Los testimonios recogidos en el informe ponen rostro a esas cifras, como el de una madre en Santa María Chiquimula que relató que sus hijos pasan días enteros con fiebre, vómitos y diarrea después de beber agua del pozo comunitario.

La ENDESA 2025 confirmó que la contaminación no se queda únicamente en ríos, pozos o nacimientos. La encuesta realizó pruebas tanto en las fuentes de abastecimiento como en muestras tomadas directamente en vasos de agua dentro de los hogares. El resultado fue alarmante: el 54 % de la población tenía agua para beber contaminada con E. coli en el hogar. 

En algunos departamentos, la contaminación alcanza niveles extremos. En Huehuetenango, el 83 % de la población consume agua proveniente de fuentes contaminadas con E. coli; en Alta Verapaz, el 74 %. En contraste, en el departamento de Guatemala la cifra es del 23 %. La ENDESA también evidenció que la contaminación afecta más a pueblos indígenas y afrodescendientes, donde supera el 65 %, frente al 42 % registrado en otros sectores de la población.

Una crisis múltiple

El título del informe de Human Rights Watch marca una advertencia: “Sin agua no somos nada”. Porque lo que fluye en los grifos, en los pozos y en los ríos no solo es agua, también son desechos, químicos y heces. 

Mientras beber agua siga siendo un riesgo de enfermedad y desnutrición, en Guatemala hablar de derechos humanos continuará como una promesa incumplida.

Y queda en el aire una pregunta inevitable: ¿qué tiene el agua que consumís? Tanto el informe como la encuesta ofrecen una respuesta dura: posiblemente heces.