Solitud, o cuando estar en pareja deja de ser un proyecto 

“No me siento sola, no me siento incompleta, solo no tengo una pareja, pero estoy disfrutando de otras cosas en la vida”.

La frase llegó en un audio de WhatsApp un lunes por la noche. Yo, con el celular en la mano, escuchaba otras voces que hablaban de relaciones, de agotamiento, de paz, de silencio. 

«No me siento incompleta, solo no tengo una pareja», dice Sabrina. Foto: cortesía

Febrero siempre trae el tema del amor, de la celebración de San Valentín y la exaltación de todo aquello que involucre una pareja. Yo quería conocer personas que no estuvieran en estas dinámicas y que se sintieran cómodas con ello. 

 El método periodístico dice que tus fuentes no deben ser personas cercanas, pero yo decidí preguntar en mis historias de Instagram, porque quería además comprobar si en mi pequeño círculo digital se vivían estas experiencias.

Las entrevistas no fueron presenciales. No hubo café ni grabadora, sino un servicio de mensajería, porque yo (periodista autista, tratando de superar un burnout que me obligó a cortar casi toda socialización) no podía sostener encuentros largos ni conversaciones cara a cara. Mis fuentes lo comprendieron con amabilidad y respondieron con notas de voz, a veces caminando, a veces desde sus casas, a veces conduciendo.

Las preguntas partían de una idea que llevaba semanas en mi cabeza: ¿qué ocurre cuando la solitud deja de ser leída como transición? ¿Qué pasa cuando no es una antesala, ni un fracaso, ni una pausa, sino una forma de vivir el presente?

No buscaba historias de aislamiento extremo ni de renuncia al mundo. Buscaba personas que, por decisión o por circunstancia, no tenían una  relación sexoafectiva (o varias) en el centro de su vida y que no organizaran su vida en función de que esa relación apareciera. 

Sabrina es una comunicadora de 51 años y aceptó responder. Su frase abría un territorio que ya sospechaba: no se sentía incompleta. No estaba esperando que alguien llegara para activar su vida. En uno de sus audios comentó: “he llegado pronto a un momento de sentir que no estoy a la espera”.

La sospecha de estar “fuera”

Hay una idea cultural persistente que asocia felicidad con pareja. Sara Ahmed ha escrito que ciertos objetos (la boda, el hogar compartido, la formalización) acumulan promesas de bienestar. 

Salirse de esa línea genera sospecha y así lo confirma Areli, maestra de 49 años: “Sí, creo que siempre nos condenan a tener que justificar la forma en que vivimos. Creo que la sociedad no comprende que no es necesario vivir en pareja para vivir bien”. 

Esto lo identificaron también otras de mis fuentes.

En el caso de Areli, la presión venía del núcleo familiar: “Pienso que es más con mis hermanos y con mi mamá. Ellos creen que no está bien que estemos solas, que siempre hay necesidad de que alguien nos acompañe en nuestra vejez”. 

La historia de Areli es una secuencia concreta de decisiones que comenzaron cuando reconoció que algo de su vida en pareja la estaba reduciendo.

 “Yo fui consciente de que necesitaba vivir de una manera más tranquila y necesitaba tener mi espacio, mi tiempo y poder hacer las cosas que quería y que me gustaban”. Ella siente que matrimonio la limitó no solo intelectual y económicamente. “Absolutamente”, confirma.

Hace varios años estuvo casada pero después del divorcio no ha buscado pareja, aunque compañeros de trabajo han intentado hacerlo por ella. Disfruta el tiempo con su familia y se dedica a realizar actividades para sí misma que no había podido hacer antes, como pintar su habitación del color que le gusta, elegir sus propios muebles, ir al cine sola, leer sin interrupciones. 

“Yo describiría este momento de mi vida como el más tranquilo, el más relajado. Estoy consciente de cómo estoy viviendo actualmente y la verdad de que me siento bastante cómoda”, dice. 

La liberación de no buscar pareja activamente

Este es el camino que Pablo recorre todos los días. Foto: cortesía

Estamos bombardeados por contenidos que nos hablan de cómo y qué buscar en una pareja, cuáles son las banderas rojas y cuáles las verdes, qué hacer, qué no hacer, dónde buscar y así, una espiral de ideas que convierten el amor en proyecto y la pareja en meta.

Quería conocer a través de mi cuestionario cómo se vivía en medio de ese bombardeo sin sentirse obligadx a buscar activamente.

Sabrina tenía claro que no le urgía encontrar compañerx, no estaba “corriendo por salir de esa situación”. 

Para Christian Padilla, antropólogo de 27 años, es una mezcla de destino y decisión consciente. 

Por su parte, Pablo, creador de contenido de 38 años comenta: “decidí no buscar más relaciones ni sexo ni sexo afectivas. Por el momento me encuentro bastante bien como estoy.” 

Cerrar las aplicaciones de ligue, no intentar forzar conversaciones, no llevar la idea como guía en su interacción social.  Casi todas las personas que aceptaron compartir su experiencia, razonan que emparejarse, para elles, no es una tarea pendiente, 

Michel Foucault hablaba de la vida como práctica y del cuidado de sí como ejercicio de construcción ética. En Historia de la sexualidad, escribe: “El cuidado de sí es, sin duda, el principio más general de todas las conductas”.  Más adelante señala que se trata de “una práctica de libertad”.

Viene a colación cuando se menciona como un ejercicio más consciente que encuentra espacio simultáneamente con la decisión (o la circunstancia) de estar sin una o varias parejas sexoafectivas.  Esto no implica asegurar que solo sucede en estas circunstancias, pero es quizá que el tiempo que ya no se centra en otra u otras personas, le permite mayor espacio. 

La pareja (o las parejas) deja de organizar el tiempo, la agenda y la expectativa de futuro. El tiempo y la energía, antes absorbidos por una relación (o más), se redistribuyen hacia otros ejes: el cuidado propio, la amistad, el trabajo, el descanso, la exploración, el silencio. 

Claudia, consultora en gestión de proyectos, tiene 31 años de edad y más de año y medio en solitud. Tras una ruptura, decidió enfocarse en su trabajo, donde encontró crecimiento. “Mi vida sentimental pasa como a muchos planos diferentes y pues no me afecta. Me siento tranquila, me siento en paz, me siento bien”, cuenta. 

La vivencia de la solitud, en este sentido, no es una pausa sino una forma de vivir el presente sin que la espera de relaciones sexoafectivas estructuren la experiencia.  

Sabrina cuenta que en esta época volvió a estudiar: “me ha gustado mucho como reconocerme a mí en relación con otras personas… Y bueno, he redistribuido mi tiempo y mi energía”.

Pero ninguna de estas historias romantiza el dolor previo. Sabrina recordó trece años de convivencia marcados por violencia y autoritarismo y cuenta que se preguntaba después de ello “¿vale la pena acercarme a alguien más?”

En el caso de Areli, el divorcio también marcó un punto de quiebre. “Nosotros como amas de casa no vivimos un cuento de hadas ni tampoco es una situación soñada. Limitar todas nuestras esperanzas hacia una sola persona no nos lleva a nada bueno”, afirma y agrega que “no tenía ni permiso de pensar ni de sentir más allá de lo que se me dijera”.

En las tres historias, la solitud les ha aportado paz, espacio personal y nuevas experiencias.

Pablo, habla desde un punto distinto: la separación reciente. “Yo necesito contemplar mi vida. Siento que 10 años se me fueron de las manos”. Su casa, que antes compartía, ahora está en silencio. “Cada vez que entro encuentro paz, encuentro silencio, encuentro momentos de hablarme a mí, de solo presenciar mi propia existencia.” 

En su caso existe un duelo reciente. Sin embargo también hay una decisión: “no necesito a alguien en mi vida, no por este momento ni tampoco para complementarme, ni con la creencia de que quién va a morir conmigo”.

Christian introduce otra capa: las experiencias en solitud se viven distinto. Porque aunque otras personas entrevistadas reconocieron disfrutar el tiempo solxs, en casa, él no lo idealiza ni lo prefiere. Reconoce: “si yo me quedo solo en mi casa, pues sí me deprimo”. Le gusta explorar actividades y asistir. 

En su experiencia, aparece un entendimiento similar a las otras voces: “si nada más estoy como recorriendo el mundo, ya me voy a sentir bien. Eso me da como mucho poder para  no aceptar malos tratos o relaciones en donde no me siento apreciado”.

Afirma que no ha dejado de percibir la etapa de solitud como tránsito y también reconoce que la presión no es igual para todxs.

Autorretrato realizado por Christian Padilla

La edad y el juicio social

“Hay muchísimas personas solteras y pues creo que tal vez la presión sigue recayendo más sobre las mujeres porque seguimos siendo una sociedad machista”, dice Christian.

Areli y Sabrina, ambas con más de 40 años de edad, han escuchado preguntas disfrazadas de preocupación.  A Sabrina un amigo le dijo después de su separación : “¿pero no quieres rehacer tu vida?”.

En el caso de Areli, la presión viene de la familia. “Nos condenan a tener que justificar la forma en que vivimos”, dice. 

Claudia se sintió incómoda cuando una amiga le preguntó por qué no conocía a alguien. Ella respondió “no quiero, o sea, me siento bien”.

Leonor Silvestri ha planteado que el amor romántico no es únicamente una experiencia privada sino una estructura que organiza jerarquías y expectativas.  En Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres sostiene que el amor romántico “es una tecnología política que produce sujeción” y propone desarmar la centralidad obligatoria de la pareja como núcleo de sentido. 

Las experiencias que atraviesan Areli, Claudia y Sabrina, cada una desde su propia historia, dialogan con esa idea en la práctica cotidiana. 

La sexualidad fuera del imaginario romántico

En el imaginario romántico, la sexualidad parece encontrar legitimidad dentro de una estructura, con nombre, con etiqueta, con otras personas. Sin embargo la solitud permite la exploración de otras posibilidades.

Sabrina cuenta que ha vivido otras etapas sin pareja y sin buscarla activamente: “no fueron etapas sufridas, sino que fueron etapas chileras”, dice. Enfatiza que en este momento no tiene problemas para disfrutar su sexualidad “además tengo mis juguetes, hago diferentes cosas”. Cuenta, por ejemplo, que una de sus estrategias es una app con audios eróticos.

Y es que la sexualidad no desaparece si no hay pareja (estable, casual o del tipo que sea), solamente deja de estar condicionada por el ritmo de quien acompaña. No se trata de “reemplazar” a alguien, sino de conocer el propio cuerpo y de alguna manera de encontrar un espacio autónomo y seguro.  

En una cultura que sigue midiendo la plenitud femenina a través de la validación externa, la experiencia que describe Sabrina nos muestra que el erotismo, al igual que otras esferas de la vida, pueden existir plenamente, sin tener pareja. 

«No tengo problemas con disfrutar mi sexualidad estando sola» Foto: cortesía

Areli dice: “La soledad no es mala. Yo creo que la soledad nos enseña a conocernos mejor y a querernos más y a saber decir las cosas en su tiempo y en su momento y siempre defender nuestro espacio”. 

Por su parte, Christian comenta que ahora cuida mejor sus emociones, su sistema nervioso y sus límites. “No apoyo la generalización de que una persona que está en una relación es más feliz”, dice. Aunque reconoce que una relación recíproca y sana puede aportar realización también agrega que debe ser bajo ciertas condiciones que no siempre se cumplen. En su experiencia, cuando la relación empieza a tensionarse, los proyectos propios se ven afectados. Ahora, estando soltero, describe otra sensación: “me da paz quizás pensar que no tengo que estar como pendiente de nada de eso… mi responsabilidad afectiva llega hasta al nivel de amistades y familiares”. 

En otra línea, Pablo reconoce: que “desde que no tengo a alguien como pareja, como centro de mi vida, empecé a ser un poquito más útil para mí”. Se refiere a las tareas del hogar, a cosas que no hacía y de las que ahora se encarga. “Si mi hogar está todo revuelto, yo estoy revuelto. Si mi hogar está en cierto orden, yo tengo orden”, comenta.

Si la sexualidad en solitud puede existir sin estructura romántica, lo mismo ocurre con otras dimensiones como el cuidado de las emociones, la administración del tiempo y del espacio, la realización de tareas, etc.

Claudia dice que ha aprendido a cuidar su tiempo. Recientemente atravesó la muerte de su madre y dice: “Creo yo que antes no valoraba lo suficiente el tiempo. A quién se lo daba, cómo se lo daba. Y creo que fue una de las lecciones que también aprendí”

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Varios días pasaron ya después del famoso día del amor y la amistad. Pronto llegará otra celebración que traiga distinta decoración en las vitrinas, otras ofertas y otros productos. 

Escucho otra vez los audios y las voces me llegan de distintos lugares. Encuentro alguna risa corta, una pausa larga antes de responder, el sonido de Waze. 

Ninguna de mis fuentes habló de heroísmo pero a mi me parece muy heróico hablar de sí mismx. De las pequeñas decisiones que marcan la vida. 

No esperaba que este artículo fuera un manifiesto contra la pareja ni una celebración de la autosuficiencia. Es solo una ventanita abierta por la que me dejaron conocer un poco más de sí a través de preguntas y audios.

Apago el celular. La vida continúa ocurriendo.