La corrida del Niño en Rabinal y el origen del sol en la memoria Rab’inaleb’

Por: Santiago Xitumul López @santi.lix

Hace casi 20 días algunas familias se reunían para vivir otra festividad más: la Navidad. Por cuestiones religiosas o culturales las reuniones del 24 de diciembre son un momento de encuentro familiar y colectivo.

En esa fecha, en Rabinal, el pueblo maya y mestizo/ladino se reúne en familia para almorzar, cenar y disfrutar en conjunto a lo largo de la madrugada del 25. Al día siguiente, durante el día de Navidad, se recuerda la colectividad comunal desde la fiesta. La cofradía de la Natividad realza la festividad con la Corrida del Niño, que se caracteriza por la espera y alegría familiar y comunal, gastronomía, música, pólvora,  danzas, la gracia y la sátira. Todas estas expresiones comunales de la vida poseen un trasfondo espiritual que busco continuar relacionando con las festividades del solsticio y el origen de la luz para lxs Rab’inaleb’.

Manuel y Salvador son ambas imágenes resguardadas por la cofradía y que el día 25 son llevadas en brazos por jóvenes a lo largo de todo el pueblo. Según se cuenta, el recorrido se asemeja a los juegos que pasaron Junajpu e Ixbalamkej durante su travesía en Xibalbá. Una explicación válida en todo sentido, pero me gustaría seguir complementando y ampliándolo.

Para ello, me remito a otra de las festividades relevantes en Rabinal: Corpus Christi. 50 días después del Domingo de Resurrección, la festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo congrega de nuevo al pueblo de Rabinal. Dicha solemnidad posee la antesala del Miércoles de Chilate ydurante ambos días figura el baile del Patzka’, quienes protagonizan la rememoración del advenimiento de la luz al mundo bajo la imagen del Divino. Lxs Huehuechos, danzantes del Patzka’, fueron quienes cargaron al Divino, a la luz del mundo y así dio inicio a nuestra era. Dicho esto, si se hace una semejanza con las dos imágenes de Jesús de Nazareth de niño de la cofradía de Natividad, se puede esclarecer que son el sol mismo. Además es necesario nombrar que en el recorrido que se hace el día de Navidad, es el del sol que renace y que se relaciona con su, pues  inicia del oriente y el poniente, donde sale y oculta el astro. La luz del sol es más corta, más pequeña y así son las imágenes, pequeñas e infantes.

Además, a media noche del 26 de diciembre, se realiza el Encuentro de ambas imágenes de Jesús de Nazareth, representado en su primera infancia, frente a la Iglesia colonial. Es en el templo colonial donde «se enterraron nuestrxs primerxs padres y madres» quienes levantaron al sol, así lo cuenta uno de los rezos de Rabinal: “ eb’aj uxleb’al q’i , eb’aj uxleb’al saq, eb’aj uxleb’al iik’, eb’aj uxeleb’al ch’umiil //Son de antes del sol, son de antes

de la claridad, son de antes de la luna, son antes de las estrellas” (Museo Comunitario de la Memoria Histórica de Rabinal, 2004, p.129). Es entonces frente al lugar sagrado de las primeras madres y primeros padres, donde se rememora el nacimiento del sol, de la luz que cae sobre el ombligo de la tierra y el ombligo del cielo.

Con relación a ello, pienso en ese relato sobre la laguna que existía antes en el valle de Rabinal, la cual fue vacíada cuando lxs Poqom fueron expulsadxs por lxs K’iche’, y en el rezo también existe una relación entre el agua y la luz: “usaqirik, upakatajiik, chi ri Dios mar, chi ri Dios alaguna, chi ri Dios choo, chi ri Dios plow, ala wi chilib’eem ko ri wa qamaam q’i , ala wi chilib’eem, ko riwa qamaam saq / vino el amanecer, el aclarecer, en la orilla del mar, en la orilla de la laguna, en la orilla del lago, del océano, en donde esta encomendado nuestro abuelo sol, en donde está encargado nuestro abuelo claridad” (Museo Comunitario de la Memoria Histórica de Rabinal, 2004, p.109). Aunque no se sabe el lugar exacto donde se ubicaba dicha laguna o si era en todo el valle, ¿podríamos aseverar que estuvo donde hoy está el casco urbano del pueblo? ¿cercano al templo colonial?

Junto a ello, y tomando en cuenta que la población primigenia de Rabinal fue Q’eqchi’, se recupera esta nota de 1897 de Tezulutlán (hoy parte de Alta Verapaz): “…A la noche, los h os del rey, y de los señores iban por los ídolos donde los tenían escondidos y traíanlos con gran procesión por todas las calles y caminos…” (Mace, p.174, 2008). No me parecería extraño que esto haya quedado en la conciencia de lxs que han habitado el territorio de Rabinal, pues así como el nombre del municipio sigue siendo la herencia Qeqchi’, de seguro la corrida fue adaptada a esta celebración relacionada con la cosecha.

No todo queda ahí, pues la danza que resalta durante estas festividades de Navidad es la conocida como “La danza de los Negritos”, lo que está relacionado, según algunxs autores, con la cosmovisión afrodescendiente que fue esclavizada durante la colonia, específicamente en el área de San Jerónimo. Rab’inaleb’ y afrodescendientes eran esclavizadxs en el cultivo de caña de azúcar, lo cual conllevó una interacción entre ambas poblaciones. De igual manera, este es un baile donde la esencia son las estatuillas y habitan en las personas que participan. Enfatizando en las estatuillas, estas se mantienen en el Ranchito del Templo y se relaciona con la curación, pues la población de Rabinal, llega a darse chicote, principalmente en las pantorrillas y otras personas en la espalda, lo que rememora, para algunxs autores, a la deidad Ek Chua, relacionado con los comercios y el cacao.

Es así como este baile que durante siglos pasados duraba varios días, actualmente acompaña a las festividades del solsticio de invierno y con la renovación del ciclo de la vida: “en el caso del Baile de los Negritos se puede habar de una apropiación de los rituales africanos y de los cultos africanos por parte de la comunidad maya de Rabinal, quien vio en las celebraciones de los Reyes y de los santos negros una ocasión para propiciar el renacimiento del sol y la renovación del ciclo agrícola” (Craveri, 2022, p.135).

Para muchas culturas su lugar de origen representaba el origen de entender el cosmos. La población de Rabinal lo nombra como Uxmut Kaj, Uxmut Ulew, porque es el origen de sus personas. Es así como lejos de una cuestión de sincretismo (un concepto muy reduccionista) con la religiosidad católica, es la insistencia política de la espiritualidad originaria, es lo que Pedro de Ángulo y Bartolomé de las Casas no lograron asimilar, por lo menos, en el pueblo de Rabinal.

Nombrar esto es necesario, así como se nombra el nacimiento del Nazareno, es necesario nombrar que es la celebración del sol y su nacimiento, es el juego de Junajpu e Ixbalamkej en Xibalba, porque nuestros abuelxs lograron dialogar, establecer y anteponer su cosmogonía antes que la de los invasores. Por ello, es hacerle justicia a aquellxs que vivieron en cuerpo y esencia los desastres de la colonización y seguirle diciendo al patrón ladino y cristiano que por más que nos crean mundanos y paganos, sabemos nuestros universos y eso nos sigue congregando en nuestros territorios.

Para ahondar más:

Los Negritos de Rabinal y el juego del Tun de Carrol E. Marce

El baile de los Negritos en Rabinal, Guatemala. Transculturación, parodia y cosmovisión de Michela Craveri
Ri ch’ab’al ke ri qati’ qamaam. El rezo de Nuestros Antepasados en Rabinal del Museo Comunitario de la Memoria Histórica de Rabinal

Texto y Fotografía: Santiago Xitumul

Edición: Liliana Villatoro