Cambio climático: los síntomas de una crisis que no es solo ambiental

El cambio climático no es solo un tema ambiental y se percibe en las distintas regiones de Guatemala, en cambios en la temperatura, sequía y variaciones en las cosechas, entre otros síntomas. La falta de preparación para responder a estos fenómenos, aumenta la vulnerabilidad de la población, pero también cuentan otros factores, como las desigualdades estructurales y las relaciones de poder.

Por: Liliana Villatoro y Eliane Hauri

Este artículo se realizó como parte del Curso de Periodismo Climático promovido por el programa de Desarrollo Rural y Adaptación al Cambio Climático – ADAPTATE de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) en Guatemala.

«Cuando menos sentimos (esperamos), llueve y ya casi ya no se marcan exactamente las estaciones» dice Gloria Núñez, lideresa garífuna de Livingston cuando se le pregunta cómo se manifiestan los cambios en el clima en esa región de Guatemala.

Una mujer observa el mar durante la celebración del Yurumein en Livingston. La cultura garífuna está profundamente vinculada al ecosistema del mar y como otras, se ven afectadas por el cambio climático. Fotografía: Liliana Villatoro

A más de 300 kilómetros de distancia, ante la misma pregunta, Rosalía López Méndez, agricultora de la aldea Tesoro Abajo de Jocotán, Chiquimula dice que las lluvias han variado con el año, pero más que eso, lo que le preocupa es la escasa cosecha que han tenido este año.

«No saqué ni maíz ni frijol», dice Rosalía, mientras señala unas pocas libras de frijol que se asolean sobre un costal en el patio de su casa.

En su comunidad es una preocupación frecuente. «Yo hablaba con un muchacho ayer y de diez tareas dice que sacó un quintalito de frijol, entonces, pues sí está afectado todas las comunidades», asegura Rosalía, quien está acostumbrada a cosechar al menos ocho quintales por cada «tarea».

Rosalía López Méndez muestra los pocos granos de frijol que hay en una vaina ya cosechada. Este año las lluvias y un hongo han disminuido notablemente la cosecha en la aldea Tesoro Abajo en Jocotán, Chiquimula. Fotografía: Liliana Villatoro

Si no se cosecha frijol en la parcela propia, hay que comprarlo. Rosalía lo sabe. Cuando tiene una cosecha abundante puede compartir con sus vecinos. Ahora que no lo tiene, tendrá que comprarlo en el mercado. Así sucede en el Corredor Seco, Alta Verapaz y el altiplano guatemalteco, según la página Fews Net, que indica que tras los impactos climáticos y económicos de los últimos cuatro años, la población deberá enfrentarse a limitaciones para asegurar su alimentación básica.

Rosalía López nota los cambios en el clima a través de los años, principalmente en el impacto que tiene para sus cosechas. Fotografía: Liliana Villatoro

Un tema que no solo es ambiental

Así como lo percibe Gloria en Livingston, o Rosalía en Chiquimula, otras personas en Guatemala ya notan los cambios en el clima y los efectos que está teniendo en su propia vida. La agricultura se ve fuertemente afectada y principalmente la agricultura a pequeña escala según lo señala este artículo de la Universidad de Costa Rica, donde además se señala que entre 2001 y 2014 se incrementó la temperatura y la precipitación. Es decir, hubo más calor y más lluvias.

Héctor Antonio Tuy Yax trabaja en el Programa de Desarrollo rural y Adaptación al Cambio Climático de Cooperación Alemana y tiene larga experiencia en el tema. En palabras sencillas, dice que el cambio climático puede explicarse como los cambios que está experimentando el planeta y que se manifiestan en el incremento de temperaturas que inciden en el cambio también de los ecosistemas.

Esto, explica Héctor, puede manifestarse a través de sequías o en la pérdida de especies. Por otro lado, estos cambios globales también están produciendo exceso de lluvias, pues al haberse intervenido los ecosistemas y generarse la pérdida de suelo que en muchas ocasiones es suelo fértil, esto también ocasiona la pérdida de oportunidad para seguir cultivando y obtener alimentos.

La falta de preparación para responder a estos fenómenos, hace que la vulnerabilidad de la población aumente. Pero también cuentan otros factores, como las desigualdades estructurales y las relaciones de poder. Según este artículo, la manera en que estos factores se configuran, permiten el acceso a recursos y capacidades que podrían mejorar la manera de enfrentar los impactos del cambio climático.

Una taza embarrada yace en el suelo, el jueves 12 de noviembre, en la casa de Manuel Choc Chub, el día en que la familia regresó a su hogar, después del paso de la tormenta Eta. Fotografía: Plaza Pública, compartida bajo licencia Creative Commons.

Por eso, enfatiza Héctor, es importante reconocer que el cambio climático no es solo un tema ambiental sino que afecta varios ámbitos de la vida, como la salud, la pérdida de biodiversidad, la seguridad alimentaria y otros.

«Es importante ver cuál es el problema principal, dónde impacta, cuáles son los síntomas, o lo visible que nos están mostrando esos cambios globales», comenta Héctor y agrega «la gente se está moviendo, se está desplazando en nuestro territorio porque están cambiando los medios de vida, es decir el territorio ya no puede soportar la vida y es necesario para sustentarlo».

Salud, seguridad alimentaria y cambio climático

En noviembre de 2020 los huracanes Eta y Iota golpearon Guatemala con fuerza, causando la muerte directa de 60 personas y causando la desaparición de otras 100 personas según este reporte de France 24. Según la Organización Panamericana de la Salud, 6.5 millones de personas fueron afectadas directamente por estos dos eventos en Centroamérica.

Los huracanes no solo afectaron rotundamente los medios de vida de las personas, también redujeron el acceso a vías de comunicación y a agua entubada y potable, necesarias para afrontar en aquel momento la pandemia de Covid-19, pero también para la higiene diaria y la prevención de otras enfermedades.

Ante estos peligros naturales, la falta de capacidad de respuesta aumenta la vulnerabilidad de la población, que no solo está expuesta a estos fenómenos sino que también enfrenta diariamente cambios que inciden en su vida.

El impacto del cambio climático en temas como la sequía provoca que la productividad agrícola disminuya y esto afecta directamente los medios de vida de las comunidades y pone en riesgo, por ejemplo, su seguridad alimentaria. alimentaria.

Este es un diagrama de ciclo causal, publicado por PNAS. En el documento: Climate Endgame: Exploring catastrophic climate change scenarios, se explica así: «una línea continua representa una polaridad positiva (por ejemplo, una retroalimentación amplificadora; no necesariamente positiva en un sentido normativo) y una línea punteada denota una polaridad negativa (que significa una retroalimentación amortiguadora)» (Texto traducido con Bard)

Este estudio, realizado por UNU-EHS y CARE International encontró que los cambios en los patrones de precipitaciones tienen un impacto negativo directo en la seguridad alimentaria y de sustento local, poniendo a los hogares en riesgo de quedar atrapados en un lugar cada vez más vulnerable al cambio climático.

Por su parte, la evaluación en seguridad alimentaria para Guatemala, realizada por el Programa Mundial de Alimentos indica que el 26% de los hogares guatemaltecos se encuentra ante inseguridad alimentaria moderada o severa. Es decir, alrededor de 4.3 millones de guatemaltecos.

Este mismo informe señala que los desastres climáticos, especialmente las sequías e inundaciones, afectan directamente la situación de inseguridad alimenticia de las y los guatemaltecos, ya que más de la mitad de los hogares afectados por algún desastre en el último año, se encuentran en inseguridad alimentaria.

Redes de maiz secándose al sol en el pasillo de una casa en Jocotán. Según un informe del Programa Mundial de Alimentos, el 26% de los hogares guatemaltecos enfrenta inseguridad alimentaria moderada o severa y el índice es mayor en los hogares que han enfrentado eventos climáticos extremos. Fotografía: Liliana Villatoro

Desplazamientos humanos

Los eventos climáticos extremos, como los huracanes, provocan decisiones aceleradas en cuanto al lugar de residencia pues impactan rápida y definitivamente al territorio. Sin embargo, hay otros factores vinculados a la vida diaria que también inciden en la decisión de migrar.

La migración está relacionada a los medios de vida de las comunidades, según este estudio, que identifica que las consecuencias de los eventos climáticos extremos perturba las condiciones de los territorios, pero también indica que los cambios en las condiciones socioeconómicas de las personas, así como la seguridad alimentaria de las comunidades también influye en las decisiones de migración.

Cambios en los ecosistemas provocan cambios en la biodiversidad

Sayda Gabriela Troches tiene 17 años y lo percibe también. Esta adolescente migró desde la aldea San Juan a Livingston para estudiar. Su madre es pescadora y Sayda nota que en su comunidad hay cambios como que la pesca es menor, que antes se conseguían entre diez y veinte libras de pescado en una jornada y que ahora con suerte se consiguen tres o cuatro.

La productividad se ve alterada por los cambios en los ecosistemas. La pesca no es la excepción. Al ser alterada esa dinámica en el océano, cambia la distribución de especies y las redes alimentarias. Así lo señala este artículo sobre el impacto del cambio climático en la pesca y acuicultura en América Latina. Sayda lo nota en aquello que resulta más evidente: se logra menos pesca.

La biodiversidad son las distintas y variadas formas de vida que existen en todos los ecosistemas. «Los ecosistemas son los sistemas donde interactuamos los humanos con los seres vivos, plantas y animales y también seres que en apariencias no se mueven», explica Héctor y agrega que «el planeta está experimentando cambios que se manifiestan en el incremento de temperaturas que inciden en el cambio también de los ecosistemas».

Los cambios de temperatura afectan a todos los seres que conviven en esos ecosistemas. Según las Naciones Unidas, la actividad humana ya ha alterado más del 70% de toda la superficie sin hielo y el cambio climático ha transformado ecosistemas marinos, terrestres y de agua dulce en todo el mundo, con la pérdida de especies locales, aumento de enfermedades y mortalidad de plantas y animales.

El documento Perspectiva Climática Cuatrimestral, publicado por el Insivumeh en su sitio web, explica que «desde el mes de marzo 2023 las temperaturas del mar en el Atlántico Tropical Norte (ATN) y el Caribe han alcanzado niveles extraordinarios nunca antes vistos en los registros históricos, incluso varios meses han superado los récords de años anteriores.

«En el mar Caribe, octubre fue el mes que mostró el mayor calentamiento relativo de la TSM y posiblemente haya sido la causa de que la mayoría de los países hayan reportado condiciones más lluviosas que las normales. Para los próximos meses, ambas cuencas mantendrán temperaturas de mar más altas que las normales de la época.

Los cambios de temperatura afectan a los ecosistemas y a las especies que en ellos se relacionan. Esto, para los humanos puede ser visible en fenómenos que les afectan inmediatamente como la disminución de la pesca. Fotografía: Liliana Villatoro

Las condiciones térmicas en ambas cuencas oceánicas son altamente determinantes -como ENOS- en la variabilidad climática de América Central». Y no solo ocurre el aumento de temperatura, también hay mayor acidificación en los océanos y esto afecta por ejemplo a los arrecifes de coral, haciéndolos más vulnerables.

Esta acidificación de los océanos es uno de los síntomas del cambio climático y como cita este reporte sobre Océanos y ecosistemas marino-costeros, «los ecosistemas de gran importancia, como el Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), pueden estar en riesgo».

Según la ONU, la actividad humana ha alterado ya el 70% de la superficie sin hielo y el cambio climático ha transformado ecosistemas marinos, terrestres y de agua dulce en todo el mundo, con la pérdida de especies locales, aumento de enfermedades y mortalidad de plantas y animales.
Fotografía: Aldea Quehueche, Livingston, por Liliana Villatoro.

Información y acciones para adaptarse

Héctor considera que es necesario mejorar las capacidades del país para dar seguimiento con mayor rigor al tema del cambio climático. Esto implica el fortalecimiento de espacios institucionales que puedan manejar la información pero también trasladarla en forma eficaz hacia la ciudadanía.

En Guatemala existen 19 Mesas Agroclimáticas, que cubren el 100% del territorio geográfico. En estos espacios de diálogo participan actores locales del sector público y privado y se busca comprender el comportamiento del clima en cada región y generar recomendaciones al respecto. Esta información en teoría debe llegar a los productores a través de los Boletines Agroclimáticos Locales.

Pero estos boletines son escritos y tienen un alcance limitado. Según el Censo 2018, alrededor de 2.3 millones de personas en Guatemala no saben leer y escribir (18.5% de la población).

Para Héctor es necesario que la información llegue principalmente a los pequeños productores a través de medios que les sean más accesibles como la radio, televisión y medios alternativos. Considera que es necesario aprender también de las experiencias de países vecinos.

«El objetivo es poder adaptar el sistema, adaptar desde lo local. Hace falta capacidad nacional y también desarrollo tecnológico, investigación y desarrollo. Pensar en sistemas de alerta temprana multipropósito creo que es un desafío inmediato, impostergable para el país».

Según Héctor, parte de las estrategias para mejorar la adaptación de las comunidades es también reconocer las prácticas comunitarias y ancestrales de adaptación.

«Hay comunidades, por ejemplo, que ya identifican especies de maíz o frijol resistentes a la sequías o las inundaciones. Eso es a través de la experimentación y de la observación», anota Héctor.

Estas prácticas de adaptación al cambio climático basadas en conocimiento ecológico local, sumadas a una gestión más comprometida que acerque la información a las y los ciudadanos que viven en zonas vulnerables y acciones más definitivas como la creación de infraestructura resiliente podrían mejorar la vulnerabilidad de la población ante el cambio climático.