Mujeres rebeldes: guerrilleras indígenas en Guatemala (Parte 2)

Por: Ana López Molina

Artículo publicado por Revista Clepsidra y reproducido bajo licencia Creative Commons. El texto completo puede ser consultado en este enlace. Esta publicación incluye solo una parte del mismo.

Imagen de portada: Milicianas y combatientes preparando alimentos en campamento La Esmeralda, La Libertad Petén, en 1990 / Colección Fotográfica Museo de Nuevo Horizonte. Plaza Pública.

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SEGUNDA PARTE. Memorias Rebeldes

Esta investigación, realizada en 2007, cumplió con el deseo de un grupo de exguerrilleras de etnia ixil, del norte del departamento de Quiché, quienes querían que su historia fuera relatada y no olvidada. Requirió el trabajo conjunto del Equipo de Comunicación de Plataforma Agraria, AVANCSO y la Asociación Feminista La Cuerda.

La primera vez que esta demanda se planteó fue en el marco de encuentros de mujeres rurales en los que confluyeron campesinas e indígenas de diversas organizaciones de todas las regiones del país, en 2006. En el camino recorrido en conjunto, se fue gestando la forma en que esta demanda podía atenderse18. Las mujeres que participaron narrando su historia se unieron desde la adolescencia a las filas del EGP, fueron entrenadas, vivieron y combatieron en las montañas selváticas del departamento entre las décadas de 1980 y 1990.

Cumplieron diversos roles dentro del EGP, de acuerdo a sus habilidades y capacidades: la cocina, la comunicación, la formación política, la atención en salud y el com-bate directo. En esas circunstancias recibieron instrucción prima-ria, aprendieron a leer, a escribir y a hablar el español. Recordar la guerra es revivir sufrimiento. Participar de este ejer-cicio, en el presente, significó poner tiempo y recursos. Pero las excombatientes ixiles estaban seguras de lo que querían: un libro que narrara su historia. “Cuando fue la reunión en Tzalbal, en 1997, algunas estábamos todavía en las CPR, otras fuera del Quiché. No teníamos información, estábamos desconfiadas, temerosas o agobiadas por la pobreza y las enfermedades, por eso ninguna de nosotras recibió un reconocimiento como excombatiente. Pero no sólo nosotras estábamos en esa situación, también muchos compañeros” (Hernández et al., 2008: 7).

Ser mujeres combatientes las hizo sentirse “igualitas” a los hombres. Sus relatos explican cómo eran tratadas dentro de las filas guerrilleras, no de acuerdo al género sino de acuerdo a las capaci-dades. Al interpelarlas sobre los discursos alrededor de los derechos de las mujeres la respuesta es contundente: “No, eso no se hablaba, todos éramos combatientes parejos, niños, adultos, mujeres y hombres” (Hernández et al., 2008: 16).

En el presente eso significa que siguen siendo mujeres indígenas, pero cuando preguntamos si son iguales que las demás mujeres nos respondieron así: “Saber… pero, haber estado en la montaña19… ahí nos salió nuestro miedo. Yo lo veo con otras mujeres, las que tienen mucho miedo no quieren hablar, van a reuniones y se quedan mudas” (Hernández et al., 2008).

Poder participar en las actividades militares sin limitaciones por ser mujeres fue la reivindicación inicial que les permitió entrar y permanecer. A pesar de que son experiencias de mucho sacrifi-cio, sufrimiento, miedo y dolor, expresan regocijo y orgullo cuando relatan el manejo de armas, las acciones de resistencia, el trabajo en equipo y la conducción de escuadras; así como el desempeño de otras tareas ajenas a los roles tradicionalmente femeninos como la comunicación, que implicaba llevar mensajes y moverse solas, a pie o en transporte colectivo, entre puntos alejados, o hacer guardia por las noches. Las tareas relacionadas con esos roles tradicionales de cuidadoras y sostenes de las relaciones sociales fueron puestos al servicio de la organización ubicando mujeres en servicios médicos, formación política y organización.

Cocinar, conseguir leña y lavar eran tareas que asumían indistintamente hombres y mujeres. Para el combate, la selección se basaba en las capacidades individuales. Una comandante afirma que las mujeres demostraron que se des-empeñaban bien como combatientes. Las mujeres dentro de Kumool tienen su propia junta directiva y toman algunas decisiones para emprender acciones colectivas. Con esta investigación respondimos a una iniciativa de ellas. Nosotras, cinco mestizas, todas distintas en cuanto a ocupación, edad, nacio-nalidad y experiencia, fuimos encontradas por ellas, que ya lleva-ban un proceso reflexivo en cuanto a ser mujeres en la guerra y la paz. La interlocución nos dejó claro que no se trataba de hacer un compendio de testimonios, tampoco biografías etnográficas.

Conseguimos una narrativa diferente al hacer énfasis en las rebeldías, en la mirada hacia sí mismas, comenzando por la niñez, pasando por la guerra y retomando el futuro. Era indispensable conocer sus casas, sus familias, su papel en Kumool. Hicimos reuniones, entrevistas individuales y visitamos sus hogares o las acompañamos a sus labores. El resultado final recoge sus testimonios desde el antes, el durante y el después de su incursión en la lucha armada, con sus dudas, anhelos y reclamos; sus esperanzas y sus desilusiones. Una narración desde el cuerpo, desde la lucha y desde la memoria donde se entremezclan las voces de ellas y las nuestras. ¿Cómo hacer para que su palabra y nuestras observaciones se articularan para rescatar aquellos aspectos sensibles que representan partes sustanciales de sus experiencias? El resultado es el libro Memorias Rebeldes contra el Olvido, PaasantzilaTxumb’al Ti’ Sotzeb’alK’u’l.


López Molina, A. (2022). Mujeres rebeldes: guerrilleras indígenas en Guatemala. CLEPSIDRA. REVISTA INTERDISCIPLINARIA DE ESTUDIOS SOBRE MEMORIA2(3), 30–45. Recuperado a partir de https://ojs.ides.org.ar/index.php/Clepsidra/article/view/449