Mujeres rebeldes: guerrilleras indígenas en Guatemala (Parte 1)

Por: Ana López Molina

Artículo publicado por Revista Clepsidra y reproducido bajo licencia Creative Commons. El texto completo puede ser consultado en este enlace. Esta publicación incluye solo una parte del mismo.

Imagen de portada: Collage e ilustración por ArchivoGt

PRIMERA PARTE. Las raíces de la lucha

Guatemala vivió una guerra conocida como Conflicto Armado Interno, cuyos principales protagonistas fueron organizaciones guerrilleras de corte marxista comunista y el Ejército Nacional.

El conflicto se inició en la década de 1960 y se extendió hasta el final de la década de 1990. Su origen se remite a 1954, cuando la inter-vención de Estados Unidos puso fin a una década de gobiernos revolucionarios durante la cual los derechos de ciudadanía fueron ampliados1, y que fue iniciada a partir de lo que se conoce como la Revolución de Octubre de 1944.

Los gobiernos subsiguientes, al final de lo que ahora se nombra como la “primavera democrática”, no tuvieron el apoyo popular y fue el intento de derrocamiento del presidente Ydígoras Fuentes en noviembre de 1960, por parte de oficiales sublevados, lo que dio origen a las primeras guerrillas.

El inicio de la década de 1980, cuando las organizaciones guerri-lleras formaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG)2, marcó también su éxito entre las poblaciones rurales, a la vez que la sostenida presencia urbana. Fue entonces que el Ejér-cito cambió a una estrategia enfocada en las poblaciones de apoyo, utilizando mayores recursos financieros, humanos y de equipo para “quitarle el agua al pez”.

En 1985, después de una seguidilla de gobiernos militares entre 1954 y 1984, inició la nueva era democrática, con un presidente civil con amplio apoyo popular. El final de la década de 1980 también significó la búsqueda de la pacificación de la región cen-troamericana. Se inició la negociación y firma de varios acuerdos (1991-1996) que atendían los problemas que se identificaron como los generadores del conflicto, entre estos, la situación socioeconómica y agraria; la identidad y derechos de los pueblos indígenas; el reasentamiento de las poblaciones desarraigadas; y otros relaciona-dos a la incorporación de la URNG a la vida política legal del país, el establecimiento de una comisión de verdad y el cronograma de desmovilización de los guerrilleros. Se finalizó con el Acuerdo de Paz Firme y Duradera el 29 de diciembre de 1996.

El presente artículo aborda parte de la experiencia de la guerra y la paz en la región ixil, al norte de Guatemala, que abarca tres municipios del departamento de Quiché: Chajul, Cotzal y Nebaj. Este último es el más urbanizado, pero no por ello registra mejores condiciones de vida3. En esta región, 95 % de los y las habitantes pertenecen a la etnia ixil, una de las 21 de origen maya que componen la diversidad cultural guatemalteca, y 60 % no habla castellano.

La alimentación está casi exclusivamente centrada en el maíz y el frijol, que son cultivados por cada familia para el consumo, junto con brócoli, papa y repollo, que se comercializan en la zona. La mayoría de las familias no logra producir lo necesario para el año, por lo que se ve obligada a comprar estos productos, destino que le dan a buena parte de los ingresos que generan en tareas producti-vas que por lo general se relacionan con la cosecha de café, lo que implica migración a las grandes plantaciones de la boca costa4 por dos o tres meses al año. El pago por jornal en las fincas al momento de la investigación (2007) era de un poco menos de dos dólares, un tercio del salario mínimo para trabajadores agrícolas vigente en ese momento. Los mecanismos de coerción para el trabajo temporal en las fincas de café se establecieron durante el proceso de expoliación posterior a la colonia, y sobre todo al final del siglo XIX, cuando se despojó sistemáticamente de tierra a las comunidades indígenas para otorgarlas a extranjeros y mestizos, considerados más capaces para hacerlas producir. Investigaciones como la de Colby y van den Berghe (1977) dan cuenta de la disminución en la capacidad de autoabastecimiento a partir de la implantación del peonaje y el trabajo forzado.Desde entonces la región ha estado sometida a políticas econó-micas de “desarrollo” que se basan en la acumulación de tierra y recursos en un núcleo de privilegiados en detrimento de la pobla-ción trabajadora, con un trasfondo racista que atraviesa la histo-ria guatemalteca. Los últimos proyectos previstos para la región incluyen exploración y explotación minera, hidroeléctricas y pri-vatización del agua. La inversión nacional y extranjera en infraes-tructura, turismo y artesanías ha servido poco al desarrollo de la región y a la consecución de demandas recurrentes como tierra y salarios justos

La historia de resistencia de los ixilesda explicación a las pos-turas y decisiones actuales. La región no es ajena al conflicto, sobre todo alrededor del uso y posesión de la tierra, y de la disposición del tiempo y el cuerpo7. Durante la guerra, los ixiles (sin datos pre-cisos de cuántos, pero con el consenso de que “casi todos”) espe-cialmente en la década de 1970 se unieron a algunas de las varias formas organizativas que postulaban transformaciones estructu-rales en el país: las Comunidades de Base de la Iglesia Católica, el Comité de Unidad Campesina (CUC)8, los Comités Clandestinos de Lucha (CCL) (base de la participación social de la guerrilla), y las Comunidades de Población en Resistencia (CPR)9, o se adhi-rieron directamente al Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP)10como combatientes o asumiendo otras tareas de comunicación y logísticas11. En la primera conferencia del EGP en la región, enChajul, 1974, apareció la primera guerrillera ixil, Esther, vistiendo el uniforme verde olivo. El siguiente año, el ajusticiamiento del hacendado conocido como el Tigre de Ixcán inauguró la etapa de combate militar en la región. El Frente Ho Chi Minh fue el brazo armado del EGP en la zona. Por estos hechos y otros ocurridos desde el siglo XIX, el Ejército identificó a los ixiles como enemigos internos, reacios a cooperar con las autoridades ladinas y resisten-tes al servicio militar obligatorio y, por lo tanto, rebeldes que se convirtieron en blanco de una fuerte represión estatal.

El final negociado de la guerra no significó justicia ni mejores condiciones de vida para los ixiles. Muchas organizaciones y ONG funcionan en la zona, algunas financiadas por iglesias evangélicas de Estados Unidos, otras con dinero de otros países cooperan-tes. Algunas tienen un discurso de reconciliación y de “borrón y cuenta nueva”, mientras otras buscan mejorar el acceso a la tierra y el fortalecimiento de las economías campesinas.

Para los hombres y las mujeres excombatientes que salieron antes de 1996, el problema fue que no aparecían en las listas que la URNG entregó13. Los registros mostraban que las mujeres repre-sentaban el 25 % de quienes combatieron, pero al momento de lo que se conoció como la desmovilización14, sólo 400 mujeres, que correspondían al 15 % del total del listado, estuvieron presentes15. Quienes combatieron en la región ixil y asistieron a los actos de desmovilización se dieron cuenta de que la mayoría no obtuvo nin-guno de estos beneficios –que en sí mismos no tuvieron los resul-tados esperados– y fue por ello que 600 se reunieron en 1999 para crear la Asociación para el Desarrollo Integral en el Quiché ADIQ-KUMOOL.

Kumool significa compañero/a. La Asociación trabaja desde una visión integral de resarcimiento para el pueblo indígena, que incluye la restitución material (tierra, vivienda e inversión); indem-nización económica, reparación psicosocial y espiritual; rehabilita-ción comunitaria (capacitación, becas, alfabetización bilingüe); y dignificación a las víctimas (resarcimiento a víctimas de violencia sexual, pensión para viudas, exhumaciones y reconocimiento de cementerios, retiro de instalaciones militares). En sus planes eco-nómicos se han enfocado en la búsqueda de recursos técnicos y financieros para la producción (cultivos de autoconsumo como el maíz y el frijol) y la comercialización (café y hortalizas, principal-mente). rabajan en coordinación con otras organizaciones que les apoyan en lo jurídico, en la formación, y en las exhumaciones de compañeros caídos en combate en las montañas circundantes. Le dan especial importancia a la formación política y a la participación de bases. También se relacionan con organismos del marco institucional creado para dar seguimiento al cumplimiento de los Acuer-dos de Paz. Han formado parte, también, de Plataforma Agraria, órgano multisectorial que aglutina organizaciones campesinas de segundo nivel, pastorales de la Iglesia católica y un centro de inves-tigación, la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala (AVANCSO).

López Molina, A. (2022). Mujeres rebeldes: guerrilleras indígenas en Guatemala. CLEPSIDRA. REVISTA INTERDISCIPLINARIA DE ESTUDIOS SOBRE MEMORIA2(3), 30–45. Recuperado a partir de https://ojs.ides.org.ar/index.php/Clepsidra/article/view/449